MATRIMONIO ENTRE PERSONAS DEL MISMO SEXO
El matrimonio entre personas del mismo sexo, también conocido como
matrimonio homosexual, matrimonio igualitario o matrimonio gay, reconoce legal
o socialmente un matrimonio formado por contrayentes del mismo sexo biológico.
El término homosexualidad fue acuñado por Karl-María Kertbeny en el
siglo XIX, pero la historia de las parejas del mismo sexo, al igual que la
homosexualidad en sí, se remonta a los inicios de la humanidad. La actitud de
la sociedad hacia las parejas del mismo sexo y las uniones formales de parejas
del mismo sexo difiere en función de los tiempos y lugares desde la plena
aceptación e integración, pasando por una tolerancia neutral, hasta el rechazo,
la discriminación, la persecución y el exterminio.
La homosexualidad está ampliamente presente en la naturaleza, incluyendo, entre otros, a los
primates no humanos. La evidencia más antigua de la homosexualidad
data de la Italia prehistórica.
La homosexualidad no es ni un trastorno ni una enfermedad, sino una
variante normal de la orientación sexual humana. La inmensa mayoría de gays y
lesbianas viven vidas felices, sanas, bien adaptadas y productivas. Muchos gays
y lesbianas mantienen relaciones permanentes con personas del mismo sexo. En
términos psicológicos esenciales, estas relaciones son el equivalente de las
relaciones heterosexuales. La institución del matrimonio permite a los
individuos un rango de beneficios que tienen un impacto favorable en su
bienestar físico y mental. Un gran número de niños están siendo criados
actualmente por lesbianas y gays, tanto en parejas del mismo sexo como madres y
padres solteros. La investigación empírica ha mostrado de manera consistente
que los progenitores homosexuales no se diferencian de los heterosexuales en
cuanto a habilidades parentales, y que sus hijos no muestran ningún déficit
comparados con hijos criados por progenitores heterosexuales. Las políticas
estatales que vetan el matrimonio entre personas del mismo sexo se basan
exclusivamente en la orientación sexual. Como tales, son tanto una consecuencia
del estigma históricamente asociado a la homosexualidad, como una manifestación
estructural de ese estigma. De permitir casarse a las parejas del mismo sexo,
el Tribunal Supremo terminaría con el estigma anti-gay impuesto por el estado
de California a través de su veto al derecho a casarse de estas parejas.
Adicionalmente, permitir que se casaran les daría acceso al apoyo social que
facilita y refuerza los matrimonios heterosexuales, con todos los beneficios
psicológicos y físicos asociados con dicho apoyo. Además, si sus progenitores
pueden casarse, los hijos de las parejas del mismo sexo se beneficiarán no sólo
de la estabilidad legal y otros beneficios familiares que proporciona el
matrimonio, sino también de la eliminación de la estigmatización patrocinada por
el estado de sus familias. No hay base científica para distinguir entre parejas
del mismo sexo y parejas de distinto sexo con respecto a sus derechos legales,
obligaciones, beneficios, y deberes otorgados por el matrimonio civil.
Diversos estudios psicológicos han mostrado que los mensajes
negativos sobre el matrimonio igualitario en los medios de comunicación crean
un ambiente dañino para la población LGBT que puede afectar a su salud mental y
su bienestar.
El activista gay Jonathan Rauch ha argumentado que el matrimonio es
bueno para todos los hombres, independientemente de que sean heterosexuales u
homosexuales, ya que implicarse en sus roles sociales reduce la agresividad
masculina y la promiscuidad. Tras revisar los estudios psicológicos actuales y
los estudios de otras ciencias sociales sobre el matrimonio igualitario,
Gregory M. Herek afirma que los resultados indican que las relaciones
heterosexuales y homosexuales no se diferencian en sus dimensiones psicológicas
fundamentales; que la orientación sexual de un progenitor no tiene relación con
su habilidad para proporcionar un entorno familiar sano y cultivado; y que el
matrimonio otorga beneficios psicológicos, sociales y de salud sustanciales.
Herek concluye que las parejas del mismo sexo y sus hijos probablemente se
beneficiarán de numerosas maneras con el reconocimiento jurídico de sus
familias, y proporcionar dicho reconocimiento a través del matrimonio
proporcionará un beneficio mayor que la unión civil o las parejas de hecho.
Además del matrimonio, existen otras figuras que contemplan la
convivencia de personas del mismo sexo, como las uniones civiles, que otorgan a
los contrayentes muchos de los derechos y obligaciones que supone el matrimonio
entre personas heterosexuales, aunque no los equiparen totalmente.
Algunos de los países que cuentan con estas figuras legales son:
Alemania, Andorra, Australia, Austria, Chile, Chipre, Croacia, Ecuador,
Eslovenia, Estonia, Finlandia, Grecia, Hungría, Israel, Italia, Liechtenstein, Malta, México (en algunas entidades federativas), Reino Unido, República Checa y Suiza que reconoce como unión civil los matrimonios entre personas del mismo sexo entre ciudadanos
suizos y ciudadanos de los países en donde este matrimonio es legal.
En España, además de la legalización de los matrimonios entre
personas del mismo sexo en todo el estado, existen leyes de parejas de hecho en
Andalucía, Navarra, el País Vasco, Aragón, Cataluña, Cantabria, Extremadura y
la Comunidad Valenciana.
En Estados Unidos, las uniones entre personas del mismo sexo cuentan
con algunas protecciones legales en: California, el Distrito de Columbia, Nueva
Jersey, Nuevo Hampshire, Oregón y Washington, entre otros.
En Latinoamérica las uniones de parejas homosexuales sí tienen
validez legal a nivel nacional en Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador
y Uruguay, así como a nivel regional en la Ciudad de México, Quintana Roo,
Coahuila, Guerrero, Chihuahua, Nayarit, Campeche, Colima, Michoacán, Morelos,
Jalisco, Chiapas, Puebla.
En México, el último impulso al reconocimiento de los matrimonios
igualitarios provino del poder ejecutivo, el cual presentó el 17 de mayo de
2016 y en el marco del Día Internacional contra la Homofobia, una iniciativa a
nivel nacional de "matrimonio sin discriminación" (Sánchez, 2016), la
cual deberá ser debatida por el Congreso de la Unión, a fin de contar con una
legislación nacional que reconozca el matrimonio igualitario, así como los
derechos que se desprenden, como la adopción de menores y la seguridad social,
entre otros.
En Japón los distritos de Segataya y Shibuya, en Tokio reconocen
desde 2015 a las parejas del mismo sexo mediante un certificado oficial.
Rechazo al matrimonio entre personas del mismo sexo
En 2016 la presunta noticia de que «el Tribunal Europeo de Derechos
Humanos (TEDH) declaró por unanimidad que el matrimonio entre personas del
mismo sexo no es un derecho frecuentemente titulada Tribunal de Derechos
Humanos declara que no existe el derecho al matrimonio homosexual. La cita
textual incluida en el título es falsa. Según los difusores de esta fake new el
TEDH argumentó que en el artículo 12 del Convenio Europeo para la Protección de
los Derechos Humanos y de las Libertades Fundamentales se estipula que el
matrimonio es una unión conformada por un «hombre y una mujer», y que por tanto
los países firmantes del convenio no tienen la obligación de abrir el
matrimonio a las personas del mismo sexo. El Tribunal Europeo de Derechos
Humanos jamás afirmó tales cosas.
A su vez, la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas
para los Derechos Humanos considera que el matrimonio es un derecho que asiste
a todas las personas con independencia de su orientación sexual. Diversas organizaciones de
defensa de los derechos humanos trabajan para ver reconocido este derecho. Este apoyo se basa en el
argumento de la igualdad ante la ley de todos los ciudadanos, así como en los problemas de salud física y mental que puede acarrear
a las parejas del mismo sexo la prohibición del acceso al matrimonio. Además el reconocimiento de los matrimonios entre personas del mismo sexo
permite la normalización de las relaciones LGBT.
Quienes apoyan el matrimonio entre personas del mismo sexo atribuyen
el rechazo a este a la homofobia, especialmente por parte de la Iglesia
Católica y otros credos cristianos,
o al heterosexismo, y establecen comparaciones
entre las prohibiciones al matrimonio entre personas del mismo sexo y las
antiguas prohibiciones al matrimonio interracial.
Religión
En el mundo religioso no existe consenso sobre los matrimonios entre
personas del mismo sexo, aunque la mayoría de las denominaciones religiosas se
oponen a él, incluyendo la Iglesia Católica,
algunos grupos cristianos bautistas
fundamentalistas como los American Baptist Churches Pacific Southwest religion, los Testigos de Jehová. Otras religiones como el islam se oponen, e incluso la Iglesia de
Jesucristo de los Santos de los Últimos Días tiene una campaña en la que se ha
negado la afiliación de hijos de parejas homosexuales a menos de que sean
mayores de edad y rechacen abierta y contundentemente el estilo de vida de sus
padres; además de que en la misma modificación en su manual oficial se habla de
la excomunión a los homosexuales que no refrenen su deseo de vivir de acuerdo a
su orientación sexual
CONCLUSION:
Yo he crecido en una familia sumamente religiosa y he aprendido que
la unión entre personas del mismo sexo no es agradable a los ojos de Dios, pero
eso no quiere decir que los odie o desprecie ni tampoco Dios. Creo que somos
libres de elegir la forma de vida que decidamos y asumir las consecuencias de
tales elecciones, pero en mi forma de parecer no es correcto.
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